08/09/2014 | Chubut

En Cholila con Cruzada Patagónica

Un proyecto con vistas a la expansión

Terminamos el proyecto en la Escuela Agrotécnica de Cholila con un aerogenerador instalado y una esperanza: que el conocimiento se expanda hacia la estepa patagónica, donde viven muchas familias que no tienen acceso a la red, entre ellas las de algunos alumnos de la escuela. Ese es también el objetivo de la Fundación Cruzada Patagónica y para ello les dejábamos materiales para un segundo molino.
Afrontando unos días muy fríos del final del invierno, chicos y profesores le pusieron calidez humana (y la de los mates!) trabajando con entusiasmo por el molino eólico que estábamos construyendo en el taller de la escuela. Aspas, generador, moldes, estructura de metal... trabajando en todas las piezas, al principio sin ver muy claro hacia donde se encaminaban algunas tareas. Pero con el transcurso de los días las piezas fueron encajando y el molino, cobrando forma y sentido en la cabeza de todos. También construyeron el tablero y la torre, conectaron las baterías y tiraron el cable desde el tablero hasta el taller. Eso estuvo duro! Hubo que hacer una zanja de unos 100 metros! Con la colaboración de todos se hizo más leve y hasta divertida la tarea. 
Los chicos eran unos 18 y nosotros somos muy malos para aprender nombres, así que los fuimos rebautizando a medida que destacaban en alguna tarea o resaltaba una característica personal. Así surgió "Uñas" (de cuyas manos elegantes conservamos unas hermosas fotos trabajando la madera), "Prensa" (no por sus habilidades comunicacionales sino por las cualidades de compresión debidas a su tamaño), el tímido "Boina" y la entrañable "Celeste" (por el color destacado de su pañuelo). De algunos sí aprendimos los nombres: Sacha (¿es en verdad su nombre?) el grafitero; Leo, quien amenizaba situaciones con su carácter plácido; la China (bueno, era un apodo previo); Joaquín, el incansable herrero, y algunos de quienes no recordamos el nombre pero sí sus inquietudes: "Profe, ¿no le da miedo volar en avión?".
En el momento acordado todo estuvo listo y el sábado al mediodía levantamos el molino. La camioneta lo fue izando como una bandera ante la mirada solemne de todos y unas manos muy jóvenes ayudaron a ajustar las últimas riendas. Los Andes nevados miraban de lejos pero no quisieron enviarnos el viento. Y surgió el aplauso y luego vino la foto. Y seguimos mirando, hasta que alguien dijo: "Están listos los choris". Qué poco tacto para tal momento. Pero qué ricos que estaban! Producción de la escuela, como aquel molino. Y qué linda escuela! Ya hubiera querido hacer yo en la mía la cantidad de cosas que hacen ellos allí.
Emprendiendo el largo regreso volvimos con los chicos y el profe de la escuela de Junín, que habían venido a colaborar. Antes pasamos por el Parque Los Alerces. Caminamos hasta un mirador de esos que nos hacen pensar: qué planeta maravilloso! Nos sentimos en paz con el mundo. Hasta que alguien gritó "Fuego!" y se armó una guerra de bolas de nieve. Los chicos no podían creer que los "profes" se prendieran en tal actividad. Creo que recién entonces empezábamos a entrar en confianza. 
El viaje de regreso continuó, largo como tantas veces, hasta llegar nuevamente al avión. Subimos. Mientras carreteaba en la pista me acordé de aquel muchacho. Puso la máxima potencia. Que si sentía miedo, me preguntó. Sentía terror. El miedo extremo de enfrentarme con la muerte. Pero lo que habíamos ido a hacer allí valía la pena.

Acá hay más detalles de qué se trata el proyecto:https://www.facebook.com/events/581492375295414/

P/D: En 2015 ellos construyeron su primer molino solos y lo instalaron en una casa de la estepa!