¡Concluimos los primeros proyectos de horticultura sostenible en la Patagonia: Nace Kelleñ Kuruf - Frutillas del Viento!

El objetivo principal de los proyectos es fortalecer las economías de la agricultura familiar a través del acceso al agua con energías renovables para usos productivos de alto valor nutritivo y comercial, en unidades productivas técnica y financieramente sostenibles.

Agradecemos el financiamiento de la Embajada de Nueva Zelanda, la Embajada de Suiza y la empresa Bayer.

La vinculación con actores locales (principalmente el INTA y asociaciones de pequeños productores y comunidades originarias mapuche y criollas) ha sido fundamental y lo seguirá siendo en vista de la sostenibilidad y escalabilidad del proyecto.

Nuestra motivación para realizar los proyectos es aportar nuestros conocimientos para que las energías renovables, y en especial la eólica, se conviertan en un vector de desarrollo para la Estepa Patagónica, una región semiárida y enorme, cuyos vientos son de los mejores del mundo.  

Comprendimos que es posible ese desarrollo impulsando la horticultura, que actualmente es la segunda actividad productiva de la región (realizada de manera doméstica y marginal) y generar un cambio en el paradigma socio-productivo: de ganadería ovina de impacto ambiental alto y baja rentabilidad a horticultura sostenible de alta rentabilidad, con uso eficiente del agua y aprovechamiento del viento en una de las regiones más ventosas del mundo.

Es una motivación compartida con muchas personas de aquella región tan marginada y en apariencia estéril, desde ingenieros del INTA de Esquel hasta los propios productores de la agricultura familiar, algunos de ellos, que ven en esto una oportunidad. Y junto con ellas es que surge con más fuerza la visión de una Patagonia productiva. Consideramos que no hay un impedimento para ello, si se acercan las tecnologías y prácticas apropiadas a través de capacitaciones y acceso al financiamiento. Donde otros ven deficiencias nosotros vemos oportunidades y la Estepa es pura potencialidad: potencial productivo, potencial eólico y hasta potencial solar, en verano que es cuando más se necesita bombear agua, y por supuesto, potencial humano.

El cambio más significativo alcanzado en la comunidad en donde estamos implementando el proyecto, fue constatar que es posible transformar una parcela de tierra aparentemente improductiva, en un espacio de producción tecnificado y altamente rentable. Refiere a un cambio de cosmovisión, a transformaciones de la percepción del territorio, de rupturas profundas de pautas culturales y prácticas socio-económicas. Las familias beneficiarias y pobladores rurales vecinos se muestran muy entusiasmadas con la novedad, y la voz empezó a correr y nuevos/as productores/as nos contactan espontáneamente para participar del proyecto. El entusiasmo se plasmó en un nombre que lo identifica: Kelleñ Kuruf: Frutillas del Viento. Y que estará en las etiquetas de los productos acompañando el nombre particular de cada emprendimiento.

Creemos en entender a las pequeñas economías de la agricultura familiar como sistemas-socio-productivos, que requieren de un acompañamiento sostenido, del fortalecimiento continuo de sus competencias y capacidades, y de entenderlas dentro de su respectiva cadena de valor. Es por ello que nuestras energías actuales se enfocan, sin descuidar los aspectos productivos, en consolidar los componentes de la comercialización.

Básicamente, el principal desafío es lograr el acceso a tecnologías apropiadas, a través de capacitación práctica y de inversión/crédito/financiación.

Entonces, ¿qué es lo que hemos logrado? Se realizaron dos instalaciones productivas completas en el marco de jornadas de capacitación comunitaria, en las zonas rurales de Gualjaina y Sierras de Tecka en la Estepa Patagónica de Chubut. Las instalaciones fueron planteadas como huertas modelo demostrativas y consisten en equipos de energía eólica y solar que bombean agua, que se almacena en tanques en altura y de allí se abastece un sistema de riego por goteo bajo cubierta en microtúneles en una superficie de 2500m2, donde se plantaron 8000 plantines de frutillas para comercializar y producción de hortalizas para autoconsumo en ambos lugares. Sumado a capacitaciones a todo nivel y para todos los aspectos del proyecto.

Estos proyectos no son uno más de estas características para la zona, sino que constituyen las primeras instalaciones de estas características en la región.